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Tarde.
Cuando la Santa Inquisición, en el siglo XV, declaró a la planta del tabaco
como endemoniada y a los fumadores como poseídos por el diablo, el hábito de
consumir cigarros ya había echado raíces. Y desde entonces no hace más que
estar en expansión, como el universo. En realidad, la fascinación que provocan
comenzó a hacerse sentir unos siglos antes. Sus orígenes tienen una fecha
exacta: 29 de octubre de 1942, día en que Cristóbal Colón llegó con sus
carabelas a la bahía de Gibara, en Cuba. Esa jornada, el marino genovés envió
a tierra a dos de sus hombres, Rodrigo de Jerez y Luis de Torres, en misión
exploradora. para encontrar el oro que supuestamente tapizaba las sierras
cubanas. De regreso al barco, los exploradores volvieron con las manos vacías
pero con noticias sobre otro tesoro. Según escritos de Fray Bartolomé de las
Casas: “ Hallaron estos dos cristianos a hombres (los indios taínos) con un
tizón en las manos y ciertas hierbas secas metidas en una cierta hoja , seca
también, a manera de mosquete, y encendido en uno de sus extremos. Por el otro
lo chupan y sorben para adentro aquel humo”. Cuando Rodrigo de Jerez, el
descubridor, tiempo después, regresó a España, fue a parar a la cárcel. El
motivo? Se atrevió a fumar en público y el tribunal de la Santa Inquisición
lo castigó por considerar su acto como “obra del diablo”. Sin embargo, su
audacia se propagó rápidamente y los puros hechos con tabaco cubano comenzaron
a ganar popularidad en España. Los
indios, en su ritual de fumadores, los confeccionaban con dedicación, casi con
afecto. Y los llamaban cohiba, el mismo nombre que ahora se utiliza para
designar la marca de los habanos más
caros del mundo.
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