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El riesgo de la sexomanía |
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La
sexualidad adictiva es poco placentera y puede desembocar en violencia.
¿Erotismo o compulsión?
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La adicción al sexo es un trastorno que lleva a no poder pensar más que en “eso”. La vida, en estos casos, queda reducida y supeditada al deseo erótico. Juan Carlos Kusnetzoff, director del Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, da el identikit del adicto sexual: “Es alguien que calma su ansiedad o intenta mejorar su autoestima a través de una conducta sexual adictiva. Y en casos de abstinencia sufre una irritación extrema, que incluso puede llegar a desembocar en violencia”. Sin embargo, hay quienes califican la conducta mediante una connotación positiva. “La adicción al sexo es necesaria”, reivindicó, por ejemplo, la actriz española Victoria Abril, en febrero del año pasado, cuando presentó el film Entre las piernas, donde representaba a una ninfómana. Placer sí, adicción no Adicción al sexo y sobredosis de pasión no son sinónimos. “Ser adicto al sexo no es lo mismo que sentir un gran deseo por tener relaciones sexuales, o disfrutar de un gran placer al tenerlas o hacer el amor con mucha frecuencia. El adicto tiene una obsesión que no le permite disfrutar y no piensa más que en el sexo”, explica Kusnetzoff. Y diferencia: “Un acto placentero, como el sexo, ocupa una buena porción del tiempo, pero la frontera entre deseo y obsesión se pasa si la persona no puede disfrutar de una vida con alternativas, como ir al cine o trabajar libre de estas ideas. Además, un individuo puede no mantener ninguna relación sexual, pero tener una obsesión y vivir pensando en el sexo o masturbarse y entonces también es un adicto". Al pan, pan y al vino, vino “Una cosa es que uno tome vino en ciertas ocasiones y otra cosa es que si no toma vino no pueda vivir”, diferencia el sexólogo argentino Adrián Sapetti. El especialista aclara que la adicción al sexo es constante e irrefrenable, por lo que no admite la voluntad del otro. De ahí que el adicto compulsivo corra el riesgo de realizar ultrajes o abusos sexuales. Y esta problemática no es exclusiva para relaciones de a dos. También en el autoerotismo puede haber desbordes. Inés de la Parra, jefa de la sección adolescencia del servicio de ginecología del Hospital Italiano, describe: “La masturbación es una cosa normal durante el desarrollo. Pero la masturbación compulsiva es patológica. El límite se pasa si el joven ya no puede estudiar o pensar en otra cosa”. La ginecóloga advierte que la compulsión hay que tratarla, porque si el adolescente tiene una conducta adictiva es difícil que se cuide en sus relaciones sexuales, con todos los riesgos que esto implica para su salud. Por su parte, Kusnetzoff opina que las adicciones no se curan, sino que se controlan: “Igual que los alcohólicos, los adictos al sexo lo son durante toda su vida y por eso tienen que mantener su trastorno bajo control”. Su propuesta incluye tres alternativas, que pueden combinarse: El uso de sedantes en casos extremos. La administración de medicamentos homeopáticos. Una psicoterapia que le facilite a cada sexoadicto rastrear sus propios caminos.
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