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Tradicionalmente, se ha
producido una relación estrecha e inflexible entre Identidad Sexual, Rol
y Orientación del Deseo. Así la identidad sexual (hombre-mujer) debía
ir pareja con la adopción del rol correspondiente (masculino-femenino)
y el deseo debía estar orientado necesariamente hacia personas del otro
sexo (heterosexualidad).
Desde los hallazgos de Kinsey y estudios posteriores se admite que la
orientación del deseo puede ser heterosexual, homosexual y bisexual. Sin
embargo, a pesar de que la comunidad científica admite que existen varias
categorías de orientación del deseo sexual, muchas veces se observan actitudes
negativas y de no aceptación de tales variaciones; en otros casos se ha
producido un cambio en las opiniones o creencias de las personas, en el
sentido de mayor aceptación, pero no así de sus actitudes y comportamientos.
En una encuesta realizada a adolescentes gipuzkoanos (Seminario de Estudios
Sexológicos, 1988), el 83.2% afirmaba que la homosexualidad le parece
algo normal aunque ellos/as no mantendrían relaciones homosexuales. Sin
embargo, estos datos no son congruentes con los estereotipos que se dan
en la sociedad en relación a la homosexualidad (Hyde, 1994), como son:
todos los homosexuales son afeminados, agresores de menores y todos han
contraido el Sida. Este tipo de creencias favorecen la homofobia o actitudes
negativas y discriminatorias hacia personas con este tipo de orientación
sexual. Las investigaciones realizadas sobre este tema han negado la existencia
de estos estereotipos en la comunidad homosexual. Por tanto, la educación
sexual debería tratar de eliminar este tipo de mitos.
No se puede confirmar de qué factores depende la orientación sexual, pero
sí se puede afirmar que la orientación del deseo antecede a las conductas
sexuales. Se ha visto que las fantasías eróticas (que sí parecen tener
relación con la orientación del deseo) están presentes en la pubertad
temprana, antes de que se den experiencias sexuales con otras personas.
En la adolescencia es cuando se toma conciencia de hacia dónde se orienta
nuestro deseo. En nuestra sociedad sigue siendo problemático para los
adolescentes y adultos aceptar el deseo si este no es heterosexual.
En la actualidad hay un acuerdo bastante generalizado en que la homosexualidad
y bisexualidad son orientaciones del deseo alternativas que no comportan,
por sí mismas, el riesgo para la salud psico-física del individuo y el
grupo social.
La Asexualidad, sin embargo, ha de ser considerada como una disfunción
que habría que situar dentro de los problemas del Deseo descritos por
Kaplan (1979).
Las Parafilias -orientación del deseo hacia objetos o hacia personas que
no consienten o a las que se les produce daño- (pederastia, sadismo, voyerismo,
exhibicionismo, zoofilia, etc.) en la medida que tengan un carácter de
necesidad compulsiva y sean la actividad sexual exclusiva o predominante
son orientaciones patológicas del deseo.
La orientación del deseo puede ser:
Heterosexual
Homosexual
Bisexual
La homosexualidad y la Bisexualidad son orientaciones del deseo alternativas
que por sí mismas no comportan riesgo para la salud psico-física del individuo
y el grupo social.
Existen una serie de estereotipos en relación a la homosexualidad que
favorecen la homofobia y las actitudes discriminatorias.
La asexualidad ha de ser considerada como una disfunción.
Las parafilias también pueden ser orientaciones patológicas cuando se
dan de forma compulsiva o exclusiva.
La conducta sexual
Comportamiento
Heterosexual
De los 3 a los 7 años
Hasta los 3 ó 4 años la conducta sexual del infante es principalmente
egocéntrica, es a los 4 ó 5 años cuando la sexualidad de los/as niños/as
llega a ser más social. Los chicos y las chicas imitan algunos comportamientos
de los adultos, como agarrarse de la mano, jugar a médicos y enfermeras,
etc. (Gunderson et al., 1981).
Hacia los 5 años
se han formado un concepto del matrimonio, o al menos de sus aspectos
no genitales. Saben que un miembro del sexo opuesto es el apropiado, ellos
están comprometidos a casarse cuando se hagan mayores y en sus juegos
adoptan estos roles.
De los 8 a los 12 años
La división social de los hombres y mujeres en grupos separados, hace
que durante este período se produzcan pocos juegos heterosexuales. Sin
embargo, durante esta etapa los/as niños/as comienzan a oir hablar sobre
las relaciones sexuales (Wyatt et al., 1988). Esto provoca ciertas reacciones
como son una combinación de diversión, shock e incredulidad.
De los 13 a los 19 años
Hacia la mitad y final de la adolescencia, es cuando los/as jóvenes se
van integrando en el sexo heterosexual, con más y más frecuencia. La conducta
heterosexual gana prominencia y se convierte en la principal fuente de
contacto sexual.
La progresión regular suele ser: besos, beso "francés" (introduciendo
la lengua) y caricias (incluyendo en los genitales), para pasar al coito
y al contacto oral-genital; esto suele ocurrir en un período de 4 ó más
años (DeLamater y MacCorquodale, 1979).
Comportamiento
homosexual
De los 3 a los 7 años
Durante esta etapa y la preadolescencia el juego sexual con personas del
propio género puede ser mucho más común que los juegos sexuales con personas
del otro género (Martinson, 1973). Generalmente, las actividades no incluyen
más que tocar los genitales del/a otro/a.
De los 8 a los 12 años
Según Hyde (1994) es importante entender la actividad homosexual como
un aspecto del desarrollo sexual de los/as chicos/as. En la preadolescencia,
estos/as tienen una organización social que es esencialmente homosexual.
Los chicos juegan separadamente de las chicas y la mayoría se socializan
con jóvenes de su mismo género. Esta separación comienza alrededor de
los 8 años. Por tanto la exploración sexual a esta edad es más probable
que sea homosexual (masturbación, exhibicionismo, acariciar los genitales
del otro, masturbación en cuadrilla). Este tipo de actividades homosexuales
no es tan probable que ocurran entre las chicas quizás porque el "espectáculo"
de la masturbación no les resulta tan impresionante; o quizás porque ya
sienten las grandes restricciones de su sexualidad y se sienten indecisas
para hablar de situaciones sexuales con otras chicas.
Por tanto los chicos parecen realizar su exploración sexual con una cuadrilla,
mientras que las chicas lo hacen en solitario (Kinsey et al. 1953).
De los 13 a los 19 años
Durante la época de la adolescencia suele darse un mayor contacto afectivo
con personas del mismo sexo debido a la inseguridad y el desconocimiento
que provoca el otro sexo. Esto según algunos autores es calificado como
Contactos Homosexuales esporádicos, que no condicionan la futura orientación
del deseo como homosexual.
Un ejemplo de este tipo de comportamientos en los chicos son los juegos
competitivos (masturbaciones en grupo, compararse el tamaño del pene,
peleas delante de las chicas, etc.); en el caso de las chicas se producen
estrechas relaciones afectivas entre ellas que se reflejan en comportamientos
como dormir juntas, mostrarse desnudas o semi-desnudas, ayudarse a colocarse
tampones, etc.
Alrededor del 11% de los hombres y el 6% de las mujeres adolescentes informan
que han tenido experiencias homosexuales (Sorensen, 1973). En muchos casos
la persona sólo ha tenido una o pocas experiencias homosexuales, principalmente
por curiosidad, y la conducta es discontinuada. Este tipo de conductas
homosexuales del adolescente tampoco parecen ser predictoras de la orientación
homosexual adulta.
Las conductas homosexuales también son características de la infancia
(3 a 7 años) y la preadolescencia.
La división social de hombres y mujeres durante la preadolescencia explica,
en gran parte, las conductas homosexuales que se producen en esta etapa
evolutiva.
Los contactos homosexuales esporádicos que se producen durante la adolescencia
no condicionan la futura orientación del deseo como homosexual.
Petting
El Petting es el término inglés que hace referencia a "intimidades sexuales
próximas al coito pero sin llegar a él, pudiendo incluir el orgasmo".
Desde un punto de vista evolutivo, el petting constituye las primeras
experiencias heteroeróticas. Probablemente es el tipo de comportamiento
sexual más utilizado durante la adolescencia. Puede ser una buena forma
de progresión sexual en la adolescencia que permita la gratificación sexual
propiamente dicha, y la expresión de la afectividad. Además, a través
del petting los/as adolescentes comienzan a aprender, dentro del contexto
de la relación interpersonal, sobre sus propias respuestas sexuales y
las de sus parejas. Pueden así desarrollar un amplio repertorio de comportamientos
sexuales placenteros sin riesgos de embarazos ni enfermedades. En el estudio
realizado con jóvenes gipuzkoanos (Seminario de Estudios Sexológicos,
1988) el 30.7% declaraba tener experiencia de petting. Se observan diferencias
importantes en función del sexo ya que el 65.5% de los chicos declaraba
encontrarse en este nivel de experiencia frente al 34,5% de las chicas.
En otro estudio realizado entre jóvenes de Gipuzkoa (Ubillos, S., Pizarro,
I., Páez, D. & Igartua, J., 1994) el 24.9% de la muestra informa que
tiene experiencia sexual de petting. La diferencia de resultados creemos
que puede deberse a que el rango de edad del primer estudio es bastante
más amplio (14-20 años) que el del segundo (16-18 años).
Variaciones en la Conducta Sexual
Como norma general, se ha tendido a clasificar los comportamientos sexuales
en normales o anormales. Por ello, consideramos importante aclarar el
concepto de normalidad sexual. La sexualidad humana, entendida como una
dimensión que tiende a la relación y comunicación con los demás, tiene
múltiples y variadas posibilidades de satisfacción y realización. Hasta
hace poco tiempo la norma sexual se limitaba a la relación heterosexual
institucionalizada. En la actualidad, se tiende a aceptar que el criterio
de normalidad es variable y relativo desde el punto de vista social, cultural
e individual. Cada sociedad y, en cada momento histórico, elabora una
serie de normas que regulan la sexualidad de sus miembros.
Algunos/as sexólogos/as entienden por normalidad aquello que conduce a
vivir las sensaciones y sentimientos placenteros sin causar daño a nadie.
Un criterio de normalidad fundamental es el respeto hacia la otra persona,
respeto de su sexualidad y por su libertad de elección en la realización
de la misma. Una relación sexual anormal o patológica sería por ejemplo
una violación, una relación adulto-niño/a, un relación forzada, etc. (García,
1984).
Existen otros muchos comportamientos sexuales que pueden ser compatibles
con los mayoritarios. En realidad no existe un grado puro de cada comportamiento
sino que todas la personas tienen un pequeño matiz de muchos de ellos.
Cuando se dan de forma única y excluyente y, además hay problemas de relación
interpersonal, sería deseable la psicoterapia sexológica (es lo que en
el apartado referente a la orientación del deseo hemos denominado parafilias).
Algunos son poco frecuentes y en un grado pequeño pueden enriquecer las
relaciones sexuales. A la vez que se explicará cada comportamiento en
su grado más "patológico", mencionaremos ejemplos "normalizados" de los
mismos.
· Exhibicionismo
Aquella persona que disfruta sorprendiendo a otros mostrando sus genitales.
Son personas inofensivas y su único placer es la sorpresa, susto o miedo
que provoca. También pueden considerarse comportamientos exhibicionistas
el streap-tease, hacer alarde de sus músculos utilizando camisetas que
los resaltan, llevar una minifalda, utilizar grandes escotes, etc.
· Voyeurismo
Aquella persona que disfruta de la tensión que le produce la observación
de conductas sexuales, sin ser descubierta. En un streap-tease se produce
un comportamiento vouyerista desde el momento en que se produce excitación
mirando a la persona desnudarse. Otro ejemplo puede ser el mirar a un
chico o chica atractiva, mirar revistas pornográficas, ver películas pornográficas,
etc.
· Fetichismo
Sería la preferencia casi exclusiva por elementos parciales de determinadas
personas (bragas, sujetadores, zapatos) u objetos. Cuya presencia es imprescindible
para que se produzca la excitación. Un ejemplo normalizado de fetichismo
podría ser el llevar objetos pertenecientes a una persona que te atrae
o por la que sientes un gran afecto.
· Travestismo
El Travestismo se refiere a vestirse como un miembro del otro género.
El verdadero travesti es una persona que obtiene la gratificación sexual
vistiéndose con ropas del otro género (Hyde, 1994). Algunos autores defienden
la idea de que es básicamente un fetichismo (Pomeroy, 1975) y parece ser
bastante similar al fetichismo de ropa. Se suele practicar en privado,
mayoritariamente son hombres, heterosexuales, casados y con hijos (Talamini,
1982). Hay personas que utilizan el travestismo como parte de su trabajo
como artistas; algunos transexuales es posible que pasen por una fase
de travestismo hasta que llegan a ser mujeres.
Socialmente el travestismo es un hecho totalmente aceptado durante algunas
fiestas populares como el Carnaval. Se puede observar como gran cantidad
de hombres y mujeres se visten con ropas típicas del otro género.
· Paidofilia/Gerontofilia
En la Paidofilia el objeto de satisfacción sexual es generalmente un niño/a.
Puede considerarse una anormalidad sexual ya que no respeta la libertad
de la otra persona. Cuando es con personas mayores se denomina gerontofilia.
Las relaciones afectivas con los/as niños/as o con los/as abuelos/as que
te llevan a realizar juegos o tener manifestaciones cariñosas sin que
haya búsqueda de placer sexual, podríamos considerarlas ejemplos normalizados
de este tipo de comportamientos.
· Zoofilia
El objeto de satisfacción es un animal. Se suele decir, que ha sido frecuente
en medios rurales, en determinadas tareas y en ausencia de personas del
otro sexo. Como un ejemplo normalizado de este tipo de comportamientos
se puede mencionar la relación afectiva que las personas amantes de los
animales establecen con los mismos.
· Sadismo/Masoquismo
El Sadismo sería el placer mediante el sufrimiento que se produce en otra
persona. El reverso se denomina Masoquismo. En las relaciones sexuales
e incluso afectivas cotidianas tenemos ejemplos de este tipo de comportamientos:
cosquillas, pellizcos, mordiscos, peleas en plan juego, etc.
Transexualismo
La Transexualidad, generalmente, es considerada por muchos/as autores/as
como una variación de la conducta sexual, nosotros/as, a pesar de haberla
incluído dentro de este apartado, consideramos que no es una conducta
sexual sino que fundamentalmente es un problema de género, y más específicamente
de identidad de género. Un transexual es una persona que se siente dentro
de un cuerpo de otro género (su cuerpo le dice "soy un hombre", pero su
mente le dice "soy una mujer", y lo mismo en el caso de la mujer). Esta
condición se conoce como disforia de género, provocando infelicidad o
insatisfacción con el género de uno/a mismo/a (Hyde, 1994). Ante esta
situación, algunas personas optan por someterse a operaciones quirúrgicas
de cambio de sexo. El término transexual se utiliza tanto para la persona
que decide cambiar su sexo como para la que no toma tal decisión. La comunidad
científica no ha encontrado una causa definitiva del transexualismo. Una
especulación es que durante la etapa prenatal se produjo una inapropiada
diferenciación cerebral por exposición a hormonas del género contrario.
Sin embargo no hay evidencia directa que apoye esta idea.
- Existen un grupo de comportamientos sexuales que a menudo se han considerado
"patológicos" (exhibicionismo, voyeurismo, fetichismo, etc.) y que sin
embargo todas las personas tienen un pequeño matiz de muchos ellos.
- Cuando se dan de forma única y excluyente se denominan parafilias y
pueden ser considerados como disfunciones de la orientación del deseo.
- El transexualismo no es una variación de comportamiento sexual sino
un problema de identidad de género.
Mitos sobre los comportamientos sexuales
Sobre la homosexualidad
Es erróneo pensar que la persona homosexual tiene características particulares
que permiten diferenciarla del resto de las personas no homosexuales.
Aunque es cierto que un sector minoritario de homosexuales tiene algunas
características particulares (gestos, ropas,...) una gran parte de ellos/as
no se diferencian del resto de las personas. Tampoco existe evidencia
de que las personas que abusan de los menores sean homosexuales. Por el
contrario un porcentaje relativamente amplio de agresores son heterosexuales.
Y por último el Sida no es una enfermedad que afecte a todos los homosexuales.
Actualmente, la extensión del Sida se está produciendo más rápidamente
entre heterosexuales.
Comportamientos parafílicos
Todas las personas tienen un pequeño matiz de muchos de estos comportamientos,
e incluso, en un grado pequeño, pueden enriquecer las relaciones sexuales.
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