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El
VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) es un miembro de la
familia de virus conocida como Retroviridae (retrovirus), clasificado en
la subfamilia de los Lentivirinae (lentivirus). Estos virus comparten
algunas propiedades comunes:
- Periodo
de incubación prolongado antes de la aparición de los síntomas de
la enfermedad.
- Infección
de las células de la sangre y del sistema nervioso.
- Supresión
del sistema inmunitario.
La
característica única que distingue a los retrovirus y permite su
clasificación es la necesidad de transformar su información genética,
que está en forma de ARN, en ADN (proceso de transcripción inversa)
mediante una enzima que poseen, conocida como transcriptasa inversa. La
infección humana por el virus VIH produce una compleja enfermedad
denominada síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), que puede
tardar en desarrollarse más de diez años. El descubrimiento de la
relación entre el síndrome de inmunodeficiencia adquirida y la infección
por VIH se atribuye al grupo dirigido por Luc Montagnier del Instituto
Pasteur de París, en 1983. Otros investigadores estuvieron implicados
en el descubrimiento, como el equipo de Robert Gallo, del National
Cancer Institute, o el equipo de Jay Levy de la UC de San Francisco.
La
cubierta externa del VIH es un envoltorio de lípidos que proceden de la
membrana celular. Sobresalen de esta cubierta las glicoproteínas
transmembrana virales gp41 y las glicoproteínas de cubierta gp120, que
permiten la unión del VIH a las células diana. En el interior de la
cubierta, la proteína del núcleo viral p17 constituye la matriz del
virión, y la proteína del core p24 forma un nucleoide interno de forma
cilíndrica. Este nucleoide tiene en su interior dos hebras del genoma
viral ARN (el material genético del virus VIH), y la enzima
transcriptasa inversa.
El
VIH infecta a las células que tengan en su superficie la molécula CD4
(una proteína que pertenece a algunas células del sistema inmunológico
y que el VIH utiliza como receptor). La gp120 viral reconoce y se une
específicamente al CD4, y de este modo el virus se une a la membrana
celular. Tras esta unión, el nucleoide viral se introduce en la célula
y, mediante el proceso de transcripción inversa, el ARN viral se
transforma en ADN de doble hebra. Este ADN viral es transportado al núcleo
de la célula, donde se inserta o se integra al ADN de los cromosomas de
la célula. Cuando se producen los estímulos necesarios, se desencadena
el proceso de formación de nuevos viriones. El ADN viral integrado en
los cromosomas de la célula huésped se sirve de los mecanismos de
replicación de ésta para su transcripción a ARN mensajero (mARN) y a
nuevas hebras de ARN genómico viral. Se produce entonces la traducción
del mARN viral a proteínas virales, y el ensamblaje de viriones nuevos
dentro de la célula. Las partículas de VIH así creadas se liberan de
la célula tomando en su salida parte de la membrana de la célula para
utilizarla como cubierta. La replicación del VIH puede producir la
muerte de los linfocitos T CD4 (uno de los distintos tipos de glóbulos
blancos). La destrucción de los linfocitos T CD4 paraliza el sistema
inmunológico, y este es el mecanismo por el que la infección por VIH
produce SIDA.
La
enfermedad: Síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA)
Una
persona infectada (seropositiva o portadora del VIH) puede encontrarse
en uno de estos tres estadios, dependiendo del estado de su sistema
inmune: (los porcentajes indican la proporción en cada uno de los
estadios de la infección)
Eficacia
del preservativo
Los
preservativos se definen como artículos médicos. El uso correcto y
consistente de preservativos de látex o poliuretano (una clase de plástico)
durante el contacto sexual -vaginal, anal u oral- puede reducir en gran
medida el riesgo de que una persona adquiera o transmita enfermedades
sexualmente transmisibles, incluyendo la infección por HIV.
Existen
diferentes tipos y marcas de preservativos en el mercado, pero, sin
embargo, sólo los de látex o poliuretano constituyen una barrera
efectiva contra el HIV. En laboratorios, los virus han demostrado
ocasionalmente que pueden atravesar un preservativo de membrana natural
("piel" o piel de oveja), que contiene porosidades naturales y
por lo tanto no son recomendables para la prevención de enfermedades (se
ha demostrado que son eficaces como anticonceptivos). Las mujeres pueden
optar por utilizar el preservativo femenino cuando el masculino no pueda
usarse.
Para
que el preservativo otorgue la máxima protección, debe ser utilizado
consistentemente (cada vez) y de forma correcta. Varios estudios de uso
correcto y consistente del preservativo muestran claramente que la ruptura
de los preservativos de látex, al menos en los Estados Unidos, es menor
al 2 por ciento. Aún cuando se rompa el preservativo, un estudio mostró
que más de la mitad de esas rupturas se produjeron antes de la eyaculación.
Cuando
el preservativo se utiliza correctamente, se previenen los embarazos hasta
en un 98 por ciento en aquellas parejas que los usan como único método
anticonceptivo. Del mismo modo, numerosos estudios realizados entre
personas sexualmente activas demostraron que un preservativo de látex
correctamente usado provee un alto grado de protección contra una
variedad de enfermedades sexualmente transmisibles, incluyendo la infección
por HIV.
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