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Cese
fisiológico de la menstruación debido a la disminución de la función
ovárica. Suele ser un diagnóstico retrospectivo que se establece cuando no
ha habido menstruación durante 1 año. La menopausia puede ser natural,
artificial o prematura.
La menopausia
natural se produce como promedio a los 50-51 años. A medida que los
ovarios envejecen, la respuesta a las gonadotropinas hipofisarias (hormonas
foliculostimulante y luteinizante) disminuye, inicialmente con fases
foliculares más cortas (por lo tanto, ciclos más cortos), menos
ovulaciones, descenso de la producción de progesterona y mayor
irregularidad en los ciclos. Con el paso del tiempo el folículo no responde
y, sin la retroacción de los estrógenos, las gonadotropinas circulantes
aumentan de forma importante. Los niveles circulantes de estrógenos y
progesterona están notablemente reducidos; los andrógenos
(androstenodiona) se reducen a la mitad, pero la testosterona apenas
disminuye. Esta fase de transición que comienza antes de la menopausia y
continúa después de ella, durante la cual la mujer pasa de su etapa
reproductora, se denomina correctamente climaterio, aunque la
mayoría de la gente se refiere a ella como menopausia. La menopausia
prematura consiste en la insuficiencia ovárica de causa desconocida que
se produce antes de los 40 años. El hábito de fumar se asocia a la
menopausia precoz. También puede estar acelerada por exposición a
radiación, fármacos quimioterápicos y cirugía que altere el aporte
sanguíneo al ovario. La menopausia artificial se produce tras
ovariectomía o irradiación de la pelvis, incluyendo los ovarios.
La
menopausia puede ser asintomática o manifestarse con síntomas importantes.
Las crisis vasomotoras y la sudación secundaria a la inestabilidad
vasomotora afectan al 75 % de las mujeres. La mayoría tiene crisis
vasomotoras durante más de 1 año, y el 25-50 % durante más de 5 años.
Los síntomas psicológicos y emocionales de fatiga, irritabilidad, insomnio
y nerviosismo pueden estar relacionados con la deprivación de estrógenos y
el estrés causado por el envejecimiento y el cambio del papel social. La
falta de sueño debida a las molestias de las crisis vasomotoras recurrentes
contribuye a la fatiga y la irritabilidad. Puede haber mareos intermitentes,
parestesias y síntomas cardíacos como palpitaciones y taquicardia; aumenta
la incidencia de cardiopatías. Tiende a haber dispareunia, aumento de la
relajación pélvica, incontinencia urinaria, cistitis y vaginitis. Es
común que las pacientes refieran náuseas, flatulencia, estreñimiento,
diarrea, altralgias y mialgias.
La osteoporosis
es el principal problema para la salud. Las mujeres con mayor riesgo son las
delgadas, caucásicas, fumadoras, que toman corticoides o las que tienen
poca actividad física. Se pierde alrededor del 1-2 %/año de la masa ósea
después de la menopausia, lo que produce numerosas fracturas. Las
principales localizaciones son las vértebras, en las que se observa colapso
anterior que provoca dolor de espalda, la cadera (200.000/año en EE.UU.) y
la muñeca. Estas fracturas pueden ocurrir con traumatismos mínimos y, en
las ancianas, sin traumatismo.
La
menopausia suele ser evidente. En pacientes más jóvenes, el diagnóstico
se basa en valores elevados de hormona foliculostimulante. Se deben
descartar trastornos endocrinos, como enfermedad tiroidea o diabetes
mellitus. Las pacientes con osteoporosis sintomática deben investigarse en
busca de otras causas aparte de la menopausia (p. ej., hiperparatiroidismo).
Es
importante hablar con la paciente sobre las causas fisiológicas y
los miedos y tensiones relacionados con esta fase de la vida. Cuando
predominan los factores psíquicos, está indicada la psicoterapia y, si es
necesario, se pueden utilizar antidepresivos, tranquilizantes menores y
sedantes suaves como tratamiento adjunto para la depresión, la ansiedad, la
irritabilidad y el insomnio respectivamente.
La restitución
de estrógenos es el único tratamiento conveniente y satisfactorio para
mantener los sistemas que dependen de la secreción de hormonas del ovario y
para aliviar las crisis vasomotoras. Es necesario seleccionar a las
pacientes, determinar la relación riesgo/beneficio y observarlas durante el
tratamiento. Cuando las crisis vasomotoras y la fatiga y el insomnio que
despiertan a la paciente durante la noche disminuyen, suele recuperarse la
sensación de bienestar. Cuando los estrógenos están contraindicados, los
tratamientos para reducir las molestias causadas por las crisis vasomotoras
incluyen hipnóticos sedantes (p. ej., barbitúricos o benzodiazepinas),
progestágenos (acetato de medroxiprogesterona, 10 mg p.o. o 100-150 mg/mes
i.m., o acetato de megestrol, 40 mg/día p.o.) o clonidina (0,1 mg por vía
transdérmica).
La atrofia
vaginal y la vaginitis sintomáticas y los cambios atróficos
de las vías urinarias inferiores (especialmente de la uretra y del
trígono vesical) con polaquiuria, disuria y a veces incontinencia son
reversibles mediante tratamiento con estrógenos.
La
prevención de la osteoporosis requiere una extensa restitución de
estrógenos. También es necesaria una nutrición adecuada, incluyendo Ca
elemental (1.000 mg/d para las mujeres premenopáusicas y tratadas con
estrógenos, 1.500 mg/d para las mujeres postmenopáusicas no tratadas) y
los ejercicios con pesos. En las mujeres con exposición diaria inadecuada a
la luz solar, están indicados suplementos de vitamina D (600 U 2/d). No se
han establecido la eficacia y la seguridad de otras modalidades (p. ej.,
fluoruro sódico, calcitriol, calcitonina, esteroides anabolizantes
androgénicos débiles, tiazidas, difosfonatos y hormona paratiroidea 1-34).
Para evitar las caídas se deben tener en cuenta los efectos secundarios de
otros fármacos y minimizar los peligros domésticos.
Los
efectos terapéuticos de la sustitución estrogénica sobre la enfermedad
cardiovascular en las mujeres postmenopáusicas se están perfilando
cada vez más. La demostrada mejoría de la morbididad y la mortalidad
sugiere que la mortalidad cardiovascular entre las usuarias de estrógenos
es 1/3 menor a la registrada entre las no usuarias, en gran medida como
consecuencia de los incrementos inducidos estrogénicamente en las
lipoproteínas de alta densidad. Aunque se han comunicado aumentos de la PA
en algunas mujeres que reciben tratamiento de sustitución estrogénica, no
se han asociado a un mayor riesgo de accidente vascular cerebral.
La
administración de estrógenos suele ser cíclica. Si la paciente tiene
útero, se agrega un progestágeno al ciclo. El estrógeno (0,3-1,25 mg/d de
estrógeno conjugado o 0,02-0,05 mg/d de etinilestradiol) se administra p.o.
1/d del día 1o al 25o de cada mes. Los progestágenos
(p. ej., 5-10 mg de acetato de medroxiprogesterona o 2,5-5 mg de acetato de
noretindrona p.o.) se administran del día 15o al 25o
del ciclo. La hemorragia, si se produce, debe ocurrir durante el período de
supresión hormonal; si ocurre en otro momento hay que efectuar una biopsia
endometrial. (Algunos médicos creen que se debe realizar una biopsia
endometrial antes del tratamiento y posteriormente a intervalos de 1 año;
otros creen que se debe efectuar sólo si hay síntomas que la justifiquen,
ya que es un procedimiento molesto, aumenta los gastos y tiene pocos
resultados en mujeres asintomáticas.) Los estrógenos se pueden aumentar o
disminuir según los síntomas. Si las crisis vasomotoras se producen al
final del ciclo, los días sin estrógenos se pueden disminuir en 1 d/mes
hasta que los síntomas se alivien. Los regímenes alternativos consisten en
0,3-0,625 mg/d de estrógeno conjugado o 0,02-0,5 mg/d de etinilestradiol,
más 2,5 mg/d de acetato de medroxiprogesterona continuamente (la pérdida
es mínima o nula al cabo de unos meses de este régimen) o estrógenos
transdérmicos 2/sem con progesterona p.o. diaria o cíclica. Si se ha
extirpado el útero, sólo es necesario administrar estrógenos.
Se
pueden utilizar estrógenos tópicos (p. ej., crema de estrógenos
conjugados naturales o sintéticos) para los cambios atróficos vaginales y
la dispareunia: un aplicador/noche durante 5 noches y, posteriormente, 1/2
aplicador/noche durante 1 mes, seguido de 1/4 de aplicador 2-3/sem
corregirán las alteraciones atróficas y mantendrán sano el epitelio
córneo vaginal. El estrógeno se absorbe fácilmente a nivel sistémico a
partir de la mucosa vaginal. Raras veces están indicados los estrógenos
inyectables (valerato de estradiol, 10-20 mg i.m. c 4 sem), excepto
inmediatamente después de una ooforectomía.
Las contraindicaciones
al tratamiento con estrógenos incluyen el antecedente de neoplasia de
endometrio o de mama dependiente de estrógenos, una historia de
tromboflebitis o tromboembolia y la presencia actual o previa de
hepatopatía grave. También hay contraindicaciones relativas.
La
mamografía debe ser una práctica sistemática en las mujeres en edades
postmenopáusicas y está particularmente indicada como control en las
mujeres tratadas con estrógenos. La mayoría de los datos indican que el
tratamiento con estrógenos no incrementa el riesgo de cáncer de mama.
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