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(Tensión
premenstrual)
Trastorno caracterizado por
nerviosismo, irritabilidad, inestabilidad emocional, depresión y posibles
cefaleas, edema y mastalgia; ocurre durante los 7-10 d previos a la
menstruación y desaparece unas pocas horas antes del inicio del flujo
menstrual.
El síndrome parece estar
relacionado con las fluctuaciones del nivel de estrógenos y progesterona.
Los estrógenos ejercen una acción de retención de líquidos; los
aumentos transitorios de éstos en diferentes tejidos corporales parecen
explicar algunos síntomas, como aumento de peso, edema, sensibilidad
mamaria y posible distensión abdominal. Sin embargo, la intensidad de
muchos síntomas no se correlaciona con la retención de líquidos y el
aumento de peso; los diuréticos promueven la eliminación de Na y agua,
pero no alivian todos los síntomas y es posible que no tengan efecto
alguno sobre el complejo sintomático.
Se han implicado el
desequilibrio de estrógenos y progesterona, un exceso de aldosterona o
ADH, cambios en el metabolismo de los hidratos de carbono, hipoglucemia,
hiperprolactinemia, alergia a la progesterona, retención de Na y agua por
los riñones y factores psicógenos.
La mayoría de las
mujeres experimentan algunos síntomas en relación con el ciclo
menstrual; en muchos casos los síntomas son significativos pero de corta
duración y no resultan invalidantes. Otras mujeres presentan uno o más
de la amplia gama de síntomas que alteran temporalmente el funcionamiento
normal. Los síntomas duran desde unas pocas horas hasta 10-12 d o más y
por lo general cesan con el inicio de la menstruación; sin embargo, en
mujeres perimenopáusicas, los síntomas pueden persistir durante la
menstruación y después de ella. El tipo y la intensidad de los síntomas
varían en la población general e, incluso, en cada paciente.
Con el inicio de la
menstruación, en muchas mujeres el síndrome premenstrual es reemplazado
por dismenorrea. La dismenorrea esencial es más común en las
adolescentes y tiende a disminuir a medida que la mujer madura. Por el
contrario, el síndrome premenstrual puede comenzar a los 20 años y
aumentar con la edad.
Las molestias más
comunes son alteración del humor y efectos psicológicos:
irritabilidad, nerviosismo, falta de control, agitación, ira, insomnio,
dificultad de concentración, letargo, depresión y fatiga intensa. Los
síntomas relacionados con la retención de líquidos son edema,
aumento transitorio de peso, oliguria y tensión y dolor mamarios. Los síntomas
neurológicos y vasculares incluyen cefalea, vértigo, síncope,
parestesias en las extremidades, facilidad de aparición de hematomas y
palpitaciones cardíacas. La epilepsia puede agravarse. Los síntomas
GI incluyen distensión abdominal, estreñimiento, náuseas, vómitos
y cambios del apetito. Puede haber pesadez o presión pélvica
y dolor de espalda. Los problemas de la piel consisten en
acné, neurodermatitis y, en ocasiones, agravamiento de otros trastornos
cutáneos. Los problemas respiratorios (alergias e infección) y oculares
(alteraciones visuales y conjuntivitis) pueden empeorar en el período
premenstrual.
El tratamiento consiste
en el alivio sintomático y, cuando es posible, corrección de las causas.
La retención de líquidos puede aliviarse reduciendo la ingesta de
Na y utilizando un diurético (p. ej., hidroclorotiazida, 50-100 mg/d
p.o.), comenzando inmediatamente antes del momento en que suelen notarse
los síntomas. La explicación de los síntomas a la paciente puede
hacer aumentar su comprensión y producir una modificación en las
actividades que reduzca la tensión. Debido a la variación normal
del trastorno, es útil llevar un registro de los síntomas y del
tratamiento de la paciente para determinar su eficacia. La intervención
del compañero, directa o indirectamente, puede ayudar a ambos a
sobrellevar el síndrome premenstrual. La manipulación hormonal es
efectiva en algunos casos. Los posibles regímenes incluyen: (1)
anticonceptivos orales, (2) progesterona natural en supositorios vaginales
(200-400 mg/d) o inyección (progesterona oleosa, 5-10 mg i.m.) durante
10-12 d antes de la menstruación, (3) progestágenos de acción
prolongada, por ejemplo acetato de medroxiprogesterona (200 mg i.m. c 2-3
meses) para eliminar los cambios cíclicos. Se pueden utilizar tranquilizantes
(p. ej., alprazolam, 0,25 mg/d p.o. al acostarse) en pacientes con
irritabilidad, nerviosismo y falta de control, especialmente cuando no
pueden variar el ambiente determinante del estrés. En algunas mujeres
puede ser de utilidad cambiar la dieta, aumentando las proteínas y
disminuyendo los glúcidos, así como añadir suplementos con complejos de
vitaminas B (especialmente piridoxina y/o Mg). Otros regímenes que
utilizan espironolactona, bromocriptina o inhibidores de la
monoaminooxidasa (MAO) no han demostrado beneficios claros.
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