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Conjunto
de enfermedades infecciosas y otros trastornos inflamatorios que afectan
la mucosa vaginal y a menudo secundariamente la vulva; es frecuente la
secreción vaginal.
La
mayoría de las vulvovaginitis y secreciones vaginales sintomáticas
están causadas por bacterias, en general Gardnerella vaginalis, en
combinación con diversos anaerobios. Los protozoos (Trichomonas
vaginalis) causan 1/3 de todos los casos; la infección por Candida
es una causa frecuente en mujeres embarazadas y diabéticas y en ocasiones
los anticonceptivos orales aumentan la susceptibilidad. Otra causa
importante es el virus del papiloma humano (VPH), que tiene muchos
tipos. El tipo 6 es el que se asocia con mayor frecuencia a la infección
vaginal, al igual que, en menor medida, los tipos 11, 16 y 18 (estos 2
últimos se asocian a displasia y neoplasia cervical). Con menor
frecuencia se encuentran los tipos 31, 33, 35, 39, 41, 42, 43, 44, 51, 52
y 56. Otras causas menos frecuentes son otras bacterias (p. ej. Neisseria
gonorrhoeae, Chlamydia, Micoplasma, estreptococos, Escherichia coli
y estafilococos), cuerpos extraños, infecciones víricas (herpes simple),
oxiuros (Enterobius vermicularis), fístulas, radiación y tumores
del aparato genital. La adenosis vaginal y cervical extensa, como la que
se produce en algunas mujeres expuestas al dietilestilbestrol (DES),
puede causar excesiva secreción. Las duchas vaginales frecuentes,
especialmente con productos químicos, pueden alterar el medio normal. Los
desodorantes en aerosol, los jabones de lavar, los suavizantes y los
aditivos para el agua del baño causan a menudo irritación vulvar. La
ropa interior ajustada no porosa ni absorbente, así como la mala higiene,
pueden favorecer el crecimiento de hongos y bacterias. En ocasiones, la
sensibilidad a espermicidas, los lubricantes vaginales o el látex del
diafragma o preservativo pueden causar irritación.
La
etiología también se debe considerar según el grupo de edad,
debido a las diferencias en los estrógenos y la actividad sexual. En los
años reproductivos, cuando hay estrógenos, la vulvitis suele ser
secundaria a infección vaginal, mientras que en la premenarquía y la
postmenopausia comúnmente hay vulvitis sola.
Las recién
nacidas pueden presentar una secreción mucoide estéril que es
secundaria al efecto estrógeno materno y que desaparece en menos de 2
sem; puede haber un pequeño sangrado por este efecto de "supresión
de estrógenos".
Durante
la infancia, el microorganismo más frecuente en la vulvitis es E.
coli; estreptococos, estafilococos y Candida se encuentran con
menor frecuencia. En ocasiones los oxiuros o N. gonorrhoeae causan
infecciones. Los baños de espuma o los jabones pueden causar irritación.
Cuando hay secreción, especialmente con sangre, se debe considerar un
cuerpo extraño así como un tumor relacionado con el DES. La inmadurez
anatómica y la mala higiene contribuyen a la infección; las niñas en la
premenarquía tienen los labios menores pequeños, la mucosa vaginal
delgada y poca secreción cervical. Sus exudados son escasos y, por lo
general, de pH alcalino, con pocas bacterias. La cantidad de secreción
aumenta cuando lo hace la producción de estrógenos hasta 1 año o más
antes de la menarquía.
En las mujeres
en edad fértil aparece una secreción blanca lechosa, acuosa o
mucoide que proviene principalmente del cérvix o la descamación de las
células vaginales. La cantidad y el tipo de secreción varían según la
fase del ciclo menstrual y con la estimulación sexual, por trasudación
de líquido de la vagina y la secreción de las glándulas de Bartholin.
Normalmente se encuentran bacterias, sobre todo lactobacilos y
corinebacterias y pequeñas cantidades de hongos. El pH vaginal
normalmente es de 3,5-4,5; la acidez tiende a disminuir con la sangre
menstrual, el moco cervical infectado, el trasudado vaginal o el semen. El
contenido de glucógeno es alto, la mucosa vaginal es gruesa y los labios
están bien desarrollados. Los niveles elevados de hormonas, como en el
embarazo y con el uso de anticonceptivos orales, pueden alterar el
metabolismo de la vagina. Las secreciones vaginales debidas a infecciones
se tratan más adelante.
En las mujeres
postmenopáusicas, los agentes infecciosos suelen ser, con mayor
frecuencia, bacterias y hongos; Trichomonas es menos común. La
depleción de estrógenos debida a la edad, ovariectomía o irradiación
de la pelvis o los estados que producen niveles temporalmente bajos de
estrógenos (similares a los que se observan durante la lactancia)
determinan que las estructuras vulvares regresen y la mucosa vaginal se
adelgace. Las secreciones se vuelven escasas y el pH aumenta hasta
4,5-5,5. El epitelio vaginal y vulvar atrófico sufre traumatismo e
infección con mayor facilidad. Las distrofias y los tumores sintomáticos
y asintomáticos son cada vez más frecuentes con la edad. Las foliculitis
y otras alteraciones dermatológicas pueden afectar la piel de la vagina.
Las causas pueden ser cuerpos extraños, especialmente pesarios olvidados.
| Síntomas, signos
y diagnóstico |
Las
pacientes refieren con mayor frecuencia secreción vaginal, con
irritación vulvar o sin ella. La secreción vaginal es anormal cuando el
olor es intenso, hay prurito, irritación o dolor, o cuando la cantidad es
molesta para la paciente.
La visita
inicial debe incluir una exploración física completa y una historia
clínica, con detalles sobre la secreción (color, consistencia, olor,
duración y síntomas). El tipo de secreción puede sugerir la causa o
inducir confusión. Debe indicarse a la paciente que describa el momento
del ciclo menstrual en que se produce la secreción, si es recidivante,
cómo respondió a tratamientos previos, si existe prurito, quemazón,
dolor o lesiones vulvares, y qué aspecto del problema es el que más le
preocupa. También se debe interrogar acerca de la actividad sexual y el
uso de anticonceptivos; si el compañero tiene secreción uretral,
prurito, lesiones en el pene, irritación poscoito o tratamiento por
infección; el uso de productos químicos en la vulva o la vagina; cambios
recientes en los productos de lavado; cualquier enfermedad venérea o
infección parasitaria, presente o pasada, y si algún miembro de la
familia tiene prurito púbico.
Después
de la exploración física general se examina la vulva en busca de
enrojecimiento, edema, excoriación y lesiones anormales. Se debe efectuar
una biopsia de las lesiones vulvares; si gran parte de la vulva es blanca
y engrosada (como en el liquen escleroso) o tiene aspecto anormal por otro
motivo, se debe seleccionar un sitio para la biopsia tiñendo con azul de
toluidina al 1 % y posteriormente decolorando con ácido acético al 2-3 %
(vinagre diluido en agua en proporción de 1:1), realizando la biopsia en
la zona de persistencia de la tinción. Se deben buscar parásitos, palpar
adenopatías, realizar cultivos de las úlceras en busca de virus y
observar las secreciones uretral y de las glándulas de Bartholin. En las niñas
se puede obtener un cultivo de la vulva o de su comisura posterior; si hay
secreción, se debe indicar un cultivo vaginal. Hay que revisar a la niña
en busca de cuerpos extraños u oxiuros.
La secreción
fisiológica es molesta por la sensación de humedad y suciedad de la
ropa interior, pero no es maloliente ni produce vulvitis.
La vaginosis
bacteriana tiende a producir una secreción blanca, gris o de color
amarillo turbio, con un olor fétido o "a pescado" que aumenta
cuando la secreción se vuelve alcalina, como sucede después del coito o
de lavarse con jabón. Puede haber prurito o irritación vulvar, pero no
suele haber enrojecimiento ni edemas importantes de la vulva.
La infección
por Candida es sugerida por el prurito y el ardor vulvar, de
moderado a importante, con enrojecimiento y posible excoriación. La
secreción espesa, caseosa, tiende a adherirse a las paredes vaginales.
Los síntomas suelen aumentar en la semana premenstrual. Las pacientes con
diabetes mal controlada y las que usan tetraciclinas de forma crónica
para el acné son candidatas a las recidivas.
La infección
por Trichomonas se caracteriza por una secreción blanca, gris
verdosa o amarillenta que puede ser espumosa. Suele aparecer poco después
de las menstruaciones y puede ser maloliente debido a la coexistencia de
gérmenes anaerobios. El escozor es intenso. Puede encontrarse una
inflamación aguda de la vagina con pequeños puntos "en fresa".
Una
secreción acuosa, especialmente si es sanguinolenta, sugiere un proceso
maligno en la vagina o en los órganos genitales superiores. Los pólipos
cervicales o la endometriosis vaginal también pueden producir
este tipo de secreción con sangrado después del coito.
La
secreción puede estar en relación con vaginitis trófica, vaginitis
por irradiación o cuerpo extraño. La vagina atrófica es frágil y
se pueden identificar zonas de sangrado. Una lesión dolorosa aguda en la
vulva sugiere infección por herpes o absceso local. El
prurito o las molestias crónicas en la vulva sugieren liquen escleroso
o carcinoma in situ. En la vulvitis crónica se deben
descartar por biopsia las distrofias atípicas y los procesos malignos.
Utilizando
un espéculo lubricado con agua, el médico inspecciona la vagina,
controla el pH y, mediante un aplicador con algodón en un extremo,
obtiene una muestra. Se extiende sobre 2 portaobjetos, uno con solución
NaCl al 0,9 % y el otro con hidróxido de K al 10 %, verificando al mismo
tiempo el olor de la última muestra. En el examen microscópico se pueden
observar T. vaginalis como microorganismos unicelulares móviles y
flagelados. La presencia de "células indicadoras" (células
epiteliales con aspecto granular) y muchas bacterias sugiere vaginosis
bacteriana. En el preparado con hidróxido de K se observan micelios y/o
esporas de Candida. Suele estar indicado un cultivo para Chlamydia
trachomatis y N. gonorrhoeae; otros tipos de cultivos no son
útiles.
Se
inspecciona el cérvix, se toma una muestra para Papanicolaou (Pap)
y se lleva a cabo el resto del examen bimanual.
En el
caso de secreción fisiológica sólo se debe tranquilizar a la paciente
sobre la normalidad de dicha secreción. En ocasiones, las duchas con agua
pueden reducir la cantidad y, por ello, la secreción. Se debe enseñar la
higiene perineal a las niñas prepúberes. Hay que quitar los cuerpos
extraños.
Las
causas específicas de secreción requieren tratamientos también
específicos. Se pueden utilizar agentes antiinflamatorios tópicos, como
la hidrocortisona al 0,5 % 3/d, hasta que se instaure el tratamiento
específico después de obtener los resultados del cultivo. Si se han
producido adherencias labiales secundarias a la inflamación previa de los
labios, la aplicación diaria de crema vaginal con estrógenos durante
7-10 d suele producir la apertura de los labios. La ducha con
yodopovidona, 15-30 mL/L (2 cucharadas/L) de agua, puede producir alivio
hasta que aparezca el efecto del tratamiento específico y reducir las
recidivas de Candida.
Candida
se trata localmente con crema de miconazol al 2 % o clotrimazol al 1 % con
tabletas o supositorios vaginales durante 3-7 d. El ketoconazol raras
veces está indicado: sólo en los casos recurrentes, recalcitrantes. Trichomonas
se trata con metronidazol, 250 mg 3/d o 500 mg 2/d p.o. durante 5 d; se
pueden utilizar 2 g en una sola dosis diaria. En condiciones ideales la
pareja también debe tratarse. Gardnerella o las infecciones
anaerobias se tratan de forma similar a las infecciones por Trichomonas,
con metronidazol. Alrededor del 25 % de las pacientes tienen recidivas y
requieren volver a ser tratadas al cabo de 2-3 meses. Puede ser útil
descender el pH vaginal con gel de ácido propiónico. Las infecciones
por Chlamydia se tratan con doxiciclina, 100 mg 2/d, o
eritromicina, 500 mg 4/d p.o. durante 7 d. Mycoplasma se
trata con doxiciclina, 100 mg 2/d p.o. durante 10 d. En cualquiera de
estas infecciones, las parejas deben tratarse simultáneamente, si es
posible.
Vulvitis
aguda. Se debe
tratar el factor causal según se ha explicado anteriormente y tomar
medidas para reducir la inflamación aguda; por ejemplo, utilizar ropa
holgada y absorbente que permita la circulación de aire y mantener limpia
la vulva (se deben evitar los jabones). El uso intermitente de hielo
reduce el dolor y el prurito; algunas veces los baños de asiento o las
compresas calientes pueden ser útiles. Los corticoides tópicos son de
utilidad y también pueden serlo los antihistamínicos orales,
especialmente durante la noche cuando su efecto sedante puede ser
beneficioso. El aciclovir oral puede reducir los síntomas y acortar la
evolución de una infección herpética. El tratamiento sintomático con
analgésicos y pomadas anestésicas puede ser de utilidad.
La vaginitis
atrófica se trata con sustitución estrogénica; muchas pacientes
responden a los estrógenos orales (p. ej., estrógenos conjugados 0,625
mg, etinilestradiol 0,05 mg o estradiol 1 mg) administrados a diario
durante 25 d o más. Si los estrógenos se utilizan regularmente, es
necesario el acetato de medroxiprogesterona para prevenir la hiperplasia
endometrial. Los síntomas recidivarán si se retira el fármaco. Algunas
pacientes prefieren la crema vaginal estrogénica (1/2 aplicador [2,0 g]
cada noche durante 1 mes y luego 1/4 de aplicador 2-3/sem) para mantener
un epitelio córneo vaginal sano. En algunas situaciones, la mucosa
vaginal responderá a la mitad de estas dosis.
La vulvitis
crónica a menudo conduce a una inflamación crónica. En ocasiones se
debe a una mala higiene, sobre todo en las pacientes ancianas
incontinentes y postradas en cama; la limpieza mejora el cuadro. Las
alteraciones cutáneas que pueden producir una vulvitis crónica (p. ej.,
psoriasis o tiña versicolor) deben tratarse adecuadamente, y la
infección se trata con los antibióticos específicos. Deben retirarse
todas las sustancias que pueden causar una irritación crónica.
Las distrofias
vulvares pueden aparecer a cualquier edad, pero suelen observarse en
pacientes postmenopáusicas. La distrofia vulvar atrófica se ha
denominado liquen escleroso y atrófico, craurosis vulvar y vulvitis
atrófica. A menudo es beneficioso el propionato de testosterona al 2 % en
vaselina, aplicado en pequeñas cantidades 2/d. La distrofia
hiperplásica suele producir un área blanca o enrojecida sobre la
superficie de la vulva. El tratamiento inicial con esteroides tópicos
fluorados elimina el prurito. Utilizada a largo plazo, la crema de
hidrocortisona al 0,5 % evita la contracción y la atrofia vulvar. La
escisión quirúrgica no suele estar indicada. Son esenciales las
exploraciones de seguimiento con una búsqueda constante de alteraciones
progresivas y posibles neoplasias. Las distrofias atípicas deben
extirparse. Antes de comenzar el tratamiento deben practicarse biopsias de
todas las distrofias.
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