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Conociendo la sexualidad infantil


Al referirnos a este tema debemos marcar la diferencia entre una conducta estrictamente patológica y las manifestaciones espontáneas y naturales de la sexualidad.

Sabemos que la curiosidad sexual viene del legítimo deseo de saber y requiere, por parte de los adultos información, cordura y franqueza. La inadecuada información origina incertidumbres y errores en la disciplina. Así, los problemas afectivos nacen o se agravan por la conducta de los padres que inducen a los niños a relacionar lo referente a la sexualidad con la maldad y la indecencia, la culpa y la vergüenza.

La curiosidad por lo sexual impregna la curiosidad insatisfecha y reprobada. El silencio de los mayores y la imposibilidad de obtener información adecuada provoca en algunos niños perplejidad, sume a otros en meditaciones obsesivas sobre el tema y puede llegar, incluso, a entorpecer su aplicación escolar. Es común entre adolescentes de ambos sexos que sueñen despiertos, imaginando aventuras amorosas y románticas.

También es sabido que las conversaciones sexuales con otros niños completan o suplen la educación sexual que deberían proporcionar los padres. Los niños emplean de manera libre las palabras breves que los adultos sólo usan en sus conversaciones. Al principio, al igual que otras palabras, no tienen significado erótico consciente.

Los enamoramientos comienzan más temprano de lo que habitualmente se cree. Una maestra, una vecina, un tío, una tía, etc., producen una fascinación temprana. El amor en los niños se manifiesta generalmente en forma de admiración y con el deseo de estar cerca de la persona amada. Pero la incitación del adulto puede despertar los primeros impulsos eróticos manifiestos y desembocar en su satisfacción. A veces un adulto perverso o imprudente aproxima de manera indebida una situación, con el resultado de que una afición transitoria se transforma en un asunto severo.

De la acción de atisbar, a la inspección y exploración manual, hay una gama amplia de significados y conductas; la primera satisface una curiosidad, aunque a veces puede ser una forma de placer sexual, como estrictamente lo es la segunda.

Hay niños que llegan al extremo de averiguar a qué hora ciertos vecinos se desvisten sin correr las cortinas, fisgonear a la madre, a las hermanas, etc. Casi siempre es una manera de reafirmar dudas que, por otro lado, incrementan curiosidades.

En la inspección y exploración manual inicialmente se adoptan formas de juego, hay niños a los que estos aspectos no los alteran de ningún modo. A otros, generalmente más inteligentes y sensibles, les generan sentimientos de culpa y los vuelven intensamente ansiosos. Algunos lo tomarían como lo más normal.

A veces, en su juego, un niño es el padre y otro la madre, o uno el médico y otro el enfermo. Esta pantalla sirve para que los niños se puedan ver el cuerpo, especialmente los órganos genitales.

Esta clase de juegos, cuando no causa lesiones físicas, constituye acciones pasajeras e inofensivas, o puede generar grandes problemas, según la actitud de los adultos.

En los niños, la exposición mútua de los órganos genitales, sin tentativas de unión o contacto, son actos determinados más por curiosidad que por el impulso sexual. Cuando incluyen caricias más conscientes, como actos preparatorios de unión y que permiten en ocasiones cierto placer, son actos que obedecen a restricciones morales, como el caso de los jóvenes con noviazgos prolongados.

Para comprender el papel del sexo en el niño en relación a su desarrollo e intereses es necesario tener en cuenta no sólo que el sexo tiene cierto grado de independencia evolutiva y una poderosa urgencia biológica, sino que también desempeña un papel importante en relación a las actitudes que adopta un niño con respecto al desarrollo de sí mismo y los demás, actitudes que no son principalmente de origen sexual, pero que se manifiestan en términos sexuales. Es decir, el sexo es un factor que desempeña en el comportamiento funciones derivadas y simbólicas. El sexo podrá convertirse en medio para desafiar a la autoridad, en un vehículo para la complacencia, como rivalidad en la conquista o como esfuerzo competitivo.

Inevitablemente el sexo tiene una connotación de intimidad y, por lo tanto, las personas jóvenes o adultas que se sienten solitarios, o que deseen una unión afectiva, pueden buscar mediante la comunicación física del abrazo sexual, una especie de intimidad afectiva que no han podido encontrar por otros medios.

Respecto a las prácticas solitarias llamadas masturbación no se sabe a ciencia cierta a qué edad comienzan a practicarse como tal. Es indudable que los menores se tocan y manosean los genitales desde temprana edad, pero habría que determinar si se debe a invitaciones, que al rascarse dan al niño sensaciones de placer. Temas producidos por esos tocamientos y que a la desaparición de la irritación la masturbación adquiere finalidad propia. Es frecuente que los niños que "ya saben" esta actividad enseñen a otros. Pero algunos adultos tocan y acarician, o estimulan deliberadamente los órganos genitales de los menores confiados a su cuidado, ya sea para mantenerlos tranquilos o para satisfacer su lujuria. Recordemos que los niños sienten deseos naturales de repetir todo aquello que les produzca sensaciones agradables, aprenden gradualmente a imitar las manipulaciones que originan sensaciones voluptuosas; de este modo se ven inducidos a practicar la masturbación sin ser muy conscientes de ello.

Algunos estudiosos del tema consideran que los niños desdichados e inseguros en sus relaciones con sus padres recurren a la masturbación por su efecto calmante y consolador. Algunos otros lo realizaron como rutina común al estar acostados.

La excesiva masturbación compulsiva no es un fenómeno aislado, intervienen las relaciones afectivas y emocionales del niño. Por tanto, la terapéutica debe orientarse hacia esos participantes más que hacia el síntoma de la masturbación debiendo sustituir este placer por otros.

En conductas sexuales anormales un tratamiento adecuado facilita su curación, tratamiento que requiere la colaboración de los adultos cercanos, ya que son estos con su actitud los que les introducen sentimientos y preocupaciones perjudiciales.

No olvidemos que son los padres principalmente los que llevan sobre los hombros la responsabilidad de orientar en todos los aspectos, incluyendo los sexuales, y son quienes deberán considerar sus actitudes restrictivas hacia los menores.

 

  
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